Imagino que, cuando Martin Cooper habló por primera vez de la idea de crear un teléfono de mano que pudiera llevarse a cualquier parte, muchos debieron tomarlo por un loco. Sin embargo, hoy más de la mitad de la población mundial utiliza un teléfono celular. Probablemente algo similar ocurrió con quienes imaginaron la televisión, la radio, la imprenta o los audífonos. Todos esos inventos, en algún momento, fueron considerados imposibles.
¿Qué fue lo que los volvió posibles? Sin duda, la convicción de que podían lograrse. Primero surge la idea; después, la creencia, que suele tomar una de dos direcciones: posible o imposible.