Imposible vs. posible

Imagino que, cuando Martin Cooper habló por primera vez de la idea de crear un teléfono de mano que pudiera llevarse a cualquier parte, muchos debieron tomarlo por un loco. Sin embargo, hoy más de la mitad de la población mundial utiliza un teléfono celular. Probablemente algo similar ocurrió con quienes imaginaron la televisión, la radio, la imprenta o los audífonos. Todos esos inventos, en algún momento, fueron considerados imposibles.

¿Qué fue lo que los volvió posibles? Sin duda, la convicción de que podían lograrse. Primero surge la idea; después, la creencia, que suele tomar una de dos direcciones: posible o imposible.

Lo imposible conduce a un callejón sin salida. A veces brinda comodidad y una aparente seguridad; otras, genera sufrimiento, desdicha y frustración.
Lo posible, en cambio, abre caminos. Ofrece libertad, horizontes amplios y oportunidades infinitas. Aunque en ocasiones trae consigo incomodidad e incertidumbre, también impulsa el movimiento y la transformación.

Lo imposible se asocia con los hábitos, la rutina y el funcionamiento automático e inconsciente. Lo posible se relaciona con la conciencia, con la capacidad de observar una idea desde distintos ángulos.
Lo imposible cierra puertas.
Lo posible las abre, encuentra ventanas, cava senderos y se filtra como el agua.
Lo posible es vida.
Lo imposible es el final.

Solo cuando creemos que algo es posible podemos descubrir la inmensa variedad de oportunidades que habita en cada instante. Y cuando percibimos esas posibilidades, ganamos libertad de movimiento; con ella, somos capaces de transformar lo ordinario en extraordinario.

¿Cuántas veces te has sentido limitado por la creencia de que algo es imposible? ¿Te sientes cómodo dentro de esa limitación? ¿Cómo orientas tu mente frente a ella?
Si te enfocas en la idea de que no se puede, tu mente girará una y otra vez sobre su propio ruido, alimentando la duda y el miedo. Si, por el contrario, te abres a la creencia de que sí es posible, tu mente comenzará a reconocer incontables caminos.

Aprender a ver las posibilidades ocultas en el momento presente requiere un entrenamiento profundo. La meditación no sirve únicamente para calmar la mente o aliviar el estrés; es, sobre todo, una disciplina que favorece su expansión y, con ella, la expansión del ser humano. De ahí la importancia de sostener una práctica meditativa cotidiana.

Una forma sencilla de meditar consiste en sentarse y prestar atención a la respiración: escucharla, sentirla y, poco a poco, tomar conciencia de ella hasta extender tanto la inhalación como la exhalación.

La respiración es uno de los primeros recursos que nos conecta con el aquí y el ahora, porque antes de cualquier experiencia de vida, lo primero que ocurre es que respiramos. Para habitar de verdad el momento presente, primero hay que aprender a respirar conscientemente.

¿Imposible?
Los antiguos enseñaban que, por cada pensamiento ligado a “lo imposible”, existen al menos ocho millones cuatrocientas mil maneras distintas de lograrlo. Así que respira profundo y piénsalo una vez más. Luego añade la creencia de que sí se puede. Explora las posibilidades. Y ponte manos a la obra.